Con unos amigos del colegio nos encontrábamos virtualmente todas las semanas. Un grupo curioso, tanto por su permanencia a lo largo de años, como por la creatividad de los temas que tratábamos. Además todos parecíamos cuidar al grupo, atendiendo a escuchar a los demás y a suavizar las posiciones cuando alguno levantaba el tono. No había un tema central y seguramente los motivos para participar eran diversos, pero era un grupo ordenado y siempre alguien ponía algún tema. Seguro que nos necesitábamos, porque siempre terminábamos superando las dificultades que se nos presentaban.
A veces, por puro gusto, nos regalábamos encuentros presenciales y nadie se los perdía. Tomábamos desayuno en una cafetería, Ese día, en medio de la habitual buena onda, uno de ellos comentó que quería leernos un cuento que había leído temprano en el periódico. En vista de su insistencia y luego de asegurarnos de que no era muy extenso, accedimos. Comenzó a leer con entusiasmo no disimulado. Se titulaba: "En poco tiempo más (tú le pones la fecha)".
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Se comprendió que el bienestar de unos pocos a costa del sufrimiento de muchos, no tenía sentido ni futuro, ya que el sufrimiento en un punto afectaba a todos los demás. El progreso material y espiritual debía ser para todos. Pasó a ser fundamental el cuidado, pero también el crecimiento del conjunto. Lo que se venía escuchando desde hace siglos, pero con escasa práctica, se transformó en una experiencia que fue la base para los cambios que sobrevinieron.
Ahora se veía muy sencillo y las generaciones más viejas se preguntaban cómo no se había caído en cuenta antes. Transformaciones estancadas durante siglos, se llevaron adelante en dos o tres años. No requirió mucho tiempo ni complicaciones superar la pobreza en el todo el mundo. Con la ayuda de la tecnología, se logró garantizar una buena calidad de vida para todos. Esto incluyó el acceso gratuito a un buen sistema de salud para todos y a una educación también gratuita para todos. También resultó muy fluido el cambio de emplazamiento respecto del medio ambiente. El cuidado del planeta en general y de la flora y fauna se volvió una prioridad ya que se trataba del necesario cuidado de la casa, indispensable para el desarrollo de la conciencia.
Lograr una educación de calidad tomó un poco más de tiempo, porque se necesita definir qué era “lo humano”. Menos mal que continuando lo que ya venían investigando durante la última década, un grupo desconocido, con predominancia de mujeres y jóvenes venían dedicándose al estudiar de las relaciones entre la ciencia y la espiritualidad. El nuevo nivel de conciencia aceleró también estos trabajos que terminaron con un informe que se viralizó y que fue la base de la nueva educación. En su introducción señalaba que la educación debía partir por revisar la concepción del ser humano, es decir, que definía a lo humano y para dónde iba. Más adelante proponía:
“El ser humano tienen como dirección transformar al mundo y transformarse a sí mismo, sin límites. Coherentemente, la educación deberán orientarse a generar las condiciones para que las nuevas generaciones tengan una mirada crítica respecto de sí mismos y de la sociedad. En este sentido, será necesario dejar atrás la violencia del pasado en que se educaba para que los jóvenes se convirtieron en útiles para preservar el sistema existente.
Se deberá proveer acceso libre a la información, promover la libertad de creencias y rechazar toda discriminación y violencia. Se promoverá que los estudiante desarrollen sus virtudes, conecten y se capaciten en la descripción de sus emociones, pensamiento, acciones y en su sexualidad”. La moral no vendrá impuesta desde afuera, sino que estará dado por el registro de crecimiento personal l a los demás”.
Esto, que se veía imposible incluso de plantear hasta hace poco tiempo, encajó sin problemas. Los estudiantes dejaron de ser pasivos receptores de información y junto con sus profesores desarrollaban formas de aprendizajes mutuas, que por efecto de demostración iban recorriendo el planeta.
Al mismo tiempo, florecieron culturas que estaban casi extintas e incluso algunas volvieron a nacer luego de haber desaparecido a manos de culturas más violentas. Culturas muy distantes empezaron a entenderse. La poesía, la música y el arte en general se tomaron las calles. Lo mismo que la filosofía y la ciencia que ahora unidas, eran tema de conversación en las plazas públicas y en las redes sociales. Ya casi no quedaban rastros de la antigua organización jerárquica y violenta liderada por los estados nacionales. Tal como se conectan las neuronas en el cerebro, los humanos se organizaban con formas diversas y con múltiples centros, sin ningún tipo de dirección central. Los principios de sintonía y de sincronía se daban sin ninguna dificultad.
Los más viejos recordábamos una época oscura en que había predominado la violencia entre los seres humanos. Con compasión recordábamos el rostro de sufrimiento en nuestras narraciones históricas.También recordábamos a la gente buena que había ayudado a otras y también a aquellos que con su ciencia, habían ayudado a la superación del dolor y a superar la injusticia social.
Mediante la manipulación genética, la vida humana se había podido prolongar a cientos de años y se amplió el espectro de los sentidos humanos por medio de prótesis cada vez más potentes. La especie humana estaba con “plus”, había dado un salto importante en su evolución al superar la violencia y ahora se disponía a llegar a otros mundos, cada vez más lejanos y a la vez más profundos en su conciencia. Se tenía la certeza de que estaba empezando la verdadera historia humana.

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